FANTASMAS

¿Sabías la causa por la que a los fantasmas se les representa con cadenas y cubiertos con una sábana?
La creencia en los fantasmas es algo que podemos encontrar en casi todas las culturas actuales, así como en las pasadas, dando lugar a numerosas muestras de tradición popular, supersticiones y escritos.

Los primeros textos que tratan las figuras de los espectros datan del Siglo I, con las cartas de Plinio El Joven, y seguirán en fechas posteriores con las obras de Esquilo, Sófocles, Apuleyo, Eurípides, etc.…
En estas imágenes los fantasmas aparecían sin sábanas pero si con cadenas, ya que éstas eran el símbolo de todo lo que el difunto había dejado pendiente de resolver en vida, además de sus pecados; o lo que es lo mismo, la pesada carga que condenaba a su espíritu y hacía que no pudiese avanzar y dejar el mundo de los vivos, sus ataduras.
No será hasta el Siglo XIII aproximadamente cuando se empiecen a representar a los fantasmas con sábanas.
Esto tendrá que ver también con la forma en la que eran antiguamente enterrados los difuntos, pues era costumbre que se les envolviese en sudarios (sábanas blancas de algodón o lino), mostrándose por tanto de la misma forma en la que habían sido sepultados.
Y de esta manera llegamos a estas figuraciones más o menos tradicionales en las que los fantasmas aparecen arrastrando de una manera penosa pesadas cadenas, que resuenan en la noche junto a sus lamentos; cubiertos por una sábana que hace que no veamos su figura.

EL TIEMPO VUELA

EL VALIOSO TIEMPO DE LOS MADUROS
Mario de Andrade. El valioso tiempo de los maduros
Mensaje de Mario de Andrade (Poeta, novelista, ensayista y musicólogo  brasileño).
 
“ Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora…
Me siento como aquel chico que ganó un  paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente.
Ya no tengo tiempo para reuniones  interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a maniobreros y ventajeros.
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de  sus lugares, talentos y logros. 
Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa…
Sin muchas golosinas en el paquete…
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír, de sus errores.
Que no se envanezca, con sus triunfos.
Que no se considere electa, antes de hora.
Que no huya, de sus responsabilidades.
Que defienda, la dignidad humana.
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas…
Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí… tengo prisa… por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan…
Estoy seguro que serán más exquisitas que las que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás…”
 

MIRIÑAQUE

El miriñaque, también llamado crinolina o armador, fue una forma de falda amplia utilizada por las mujeres acomodadas a lo largo del siglo XIX que se usaba debajo de la ropa. En realidad, el miriñaque consistía en una estructura ligera con aros de metal que mantenía huecas las faldas de las damas, sin necesidad de utilizar para ello las múltiples capas de enaguas almidonadas, que había sido el método utilizado hasta entonces.
El miriñaque fue originalmente una tela rígida con una trama de crin y una urdimbre de algodón o de lino. Apareció alrededor de 1830 pero hacia 1856 se había convertido en una enagua muy amplia de estructura rígida, en forma de jaula con aros de acero, diseñada para sostener las enaguas y el vestido de una mujer en la forma requerida. La crinolina no era en absoluto una estructura completamente rígida e inamovible, pues se balanceaba hacia cualquiera de los lados con los movimientos de la mujer, y cualquier presión sobre una parte de la falda provocaba un movimiento completo de la misma.
Los miriñaques fueron intensivamente usados en su extravagante forma entre 1850 y 1870, alcanzando su máximo tamaño alrededor de 1865. Desde entonces, el término se ha utilizado para designar los variados inventos utilizados para sostener las faldas holgadas hacia diferentes direcciones; sin embargo, estos miriñaques más recientes no guardan relación con los clásicos.
Hacia 1850, un periodo de prosperidad en la economía europea, impulsó una mayor complicación en el vestido; las faldas se agrandaron, incrementando en un principio, el número de enaguas que se colocaban por debajo de la falda. La incomodidad y el peso generado por estas enaguas, llevaron a que se diseñara la crinolina en 1856.
La gran impulsora y difusora en Europa de la crinolina fue la emperatriz Eugenia de Montijo, durante el Segundo Imperio francés. Desde allí se introdujo en España, coincidiendo con el reinado de Isabel II, siendo denominada como miriñaque: en la corte española se había utilizado anteriormente el tontillo, un ahuecador usado durante el siglo XVIII.1
Para evitar mostrar las piernas por accidentes de viento, las damas solían llevar por debajo unos pantalones que llegaban hasta los tobillos, normalmente decorados con puntillas y encaje, que en ocasiones asomaban por debajo de la falda al sentarse, lo que era señal de elegancia.
En los últimos años de la década de 1850 el tamaño de las faldas se desmesuró tanto con el uso del miriñaque, que impedía a dos mujeres entrar juntas en una habitación o sentarse en un mismo sofá, ya que la gran amplitud de las faldas lo impedían. En 1860, el miriñaque evolucionó aplastándose un poco por delante, pasando de una forma circular a otra ovalada acumulando la crinolina en la parte de atrás, convirtiéndose en «media crinolina», también llamado «polisón». Este polisón era funcional comparado con el miriñaque original, ya que los aros eran más flexibles y permitían que la mujer pudiera sentarse más cómoda. Cuando la mujer se sentaba los aros del nuevo polisón se juntaban (como cuando se cierra un abanico). Tras alcanzar su máxima amplitud en torno a 1865, el diámetro se fue reduciendo y ovalando más hasta que el armazón se redujo tan solo a la parte de atrás, dejando en 1870 que el delantero de la falda cayera recto y convirtiéndose así en el auténtico polisón y dando a la figura femenina una nueva silueta más vertical.