"NI ABUELO, NI VIEJE, DÍGAME VIEJO"

Ante todo, quiero dejar aclarado que en adelante, usaré el término "viejo" sin distinción de género. (Más: me niego a decir viejes y a escribir viejxs). A veces hasta me causa gracia lo que nos cuesta usar la palabra viejo para referirnos a quienes tenemos más de 60 años*. Cuando empecé a incursionar en estos temas, se usaba el vocablo "anciano" y, en los últimos tiempos se han buscado alternativas para mencionar a los viejos con términos eufemísticos

 y políticamente correctos como “edad avanzada”, “tercera edad”, “adultos mayores” y últimamente "personas mayores”.

Otro horror muy común es decirles "abuelos" a todos los viejos y muchos no lo son y otro disparate es aniñarlos diciéndoles "chicos" (Aunque aquí sospecho que se quiere encubrir una situación de autoridad en quien lo dice) En el fondo, lo que subyace es el criterio en el que prevalecen los valores asociados a la belleza externa y a la juventud. Viejo se ha convertido en sinónimo de enfermo, inútil, improductivo, cuando no, estorbo o incapaz. Nos olvidamos de que, al llegar a la vejez, muchas personas han adquirido experiencia y sabiduría.

También es cierta la afirmación de Cicerón cuando dice: "Las edades se pueden comparar con los vinos: así como no todos se avinagran por añejos, no toda edad se aceda por avanzada" y si se me permite una humorada, quisiera recordar a Groucho Marx cuando decía: -"La vejez trae solo dos cosas, sabiduría o golf. ¿Qué intento decir con esto? Que hay viejos y viejos y que además hay -sociólogicamente hablando- vejeces.

El envejecer no debe ser visualizado solo como un proceso solo biológico, sino por el contrario, debe ser encarado desde el marco general de acuerdo con variables culturales, sociales, económicas, políticas, y psicológicas y sobre todo en un tiempo dado y en un lugar determinado. Estos factores son lo que influirán en el concepto de lo que representa y significa ser un viejo o una vieja.

El 28 de agosto de 1948, María Eva Duarte de Perón proclamó los “Derechos de la Ancianidad” y bajo la convicción de que era necesario trascender las meras declaraciones, la Fundación Eva Perón obtuvo la sanción de una ley que otorgaba pensiones a los mayores de 60 años sin amparo.

De esta forma Argentina fue la precursora en la incorporación en su legislación de los derechos de los adultos mayores. Meses más tarde, el 18 de noviembre de 1948, éstos fueron proclamados también por el Tercer Período de Sesiones de la Tercera Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

De allí en adelante el resto de los países del mundo comenzaron a poner el foco en la misma temática Teóricamente las políticas públicas y la legislación, debieran contemplar lo antedicho porque el envejecimiento progresivo de la población plantea la problemática de conservar a los viejos en el seno de la sociedad, encontrándoles el lugar que por su dignidad y por sus aptitudes deben ocupar para bien de toda la comunidad.

Menuda tarea para los legisladores y los jueces, ya que si bien las fuentes normativas internacionales y nacionales vigentes contemplan disposiciones, estas suelen ser demasiado programáticas y flexibles, y han tenido escasa proyección en el derecho práctico y ni hablemos de la práctica concreta.

La industrialización y el retroceso de las enfermedades, gracias al descubrimiento de las vacunas y los antibióticos, produjo un significativo cambio demográfico debido a una importante prolongación de la esperanza de vida. Desde mediados del siglo XIX, comenzaron a aparecer las primeras corrientes de pensamiento que rechazaban la idea de asociar vejez con enfermedad, decrepitud y muerte. Fue el origen de la Geriatría y la Gerontología y en la política que algunos políticos comenzaran a ocuparse por el bienestar de los viejos.

En la argentina, -quisiera hacer un señalamiento- la gran mayoría de las instituciones públicas dedicadas a los viejos están en manos de jóvenes. (No digo que esté bien ni que esté mal. solo señalo un hecho). Y esto último me lleva a una reflexión, aunque hay en el país, distintas denominaciones que los definen, hay "consejos de adultos mayores" o nombres por el estilo, que asegurarían la participación en las políticas sobre las vejeces y el envejecimiento del Estado, ya sea nacional, provincial o municipal. Otro cuento chino; -tal vez me excedí un poco en la calificación- pero adonde apunto es a preguntar hasta donde influyen y deciden estas instituciones en las decisiones de los gobiernos.

Como ven hasta acá no he hablado del gran tema de las jubilaciones y pensiones, ni del PAMI ni de las organizaciones gubernamentales de previsión social, ni de los "geriátricos" que ahora son lugares de "larga estadía", ni de la representación política -como grupo- de los viejos en las legislaturas... (Pregunto, si hay un cupo para las mujeres, ¿porqué no para los viejos?)... ya hablaremos de los "cuidadores", del maltrato, de legislación que no se cumple, ¡¡de los medicamentos!! en fin, hay mucho de qué hablar y aunque estoy de acuerdo con que en los centros de Jubilados no se hable de religión, futbol o política, (si se entiende que lo que no hay que hablar es de política partidaria), pero sí APOYO Y ESTIMULO que se debieran debatir y discutir, es decir ocuparnos de TODOS los temas que nos atañen.

Chalo Ynchaurregui, nacido el 13 de noviembre de 1943, un viejo. Una apostilla: Algunos recordarán "Viejos son los Trapos" (1994-95) que produje y también conduje por las pantallas del entonces Canal 7 cuando el inolvidable Juan Carlos Mareco, "Pinocho" se fue de vacaciones. Sin querer compararme al genial artista y conductor, -cuando yo me ocupé de la conducción subimos el rating... y saben porqué, porque a él no era un tema que le interesara, es más, no quería que lo "confundieran" con un viejo (en ese entonces tenía 64 años)... y a mí -qué decir: me ocupo de esto -porque me interesa- desde 1983.